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En muchos países se ha pasado de los cultivos de “supervivencia” a los de “alto rendimiento nutricional”. En este sentido, los llamados superalimentos no son una moda pasajera en el campo español. Se trata de una respuesta de la agricultura a un consumidor que busca “medicina en el plato”. En España, este sector ha dejado de ser un nicho para convertirse en una locomotora de exportación.

La nación ibérica se ha consolidado como la “huerta de Europa” para estos cultivos densos en nutrientes. Entre ellos destacan los frutos de cáscara (almendra y pistacho). España es el segundo productor mundial de almendra. Por su parte, el pistacho vive una “fiebre del oro” en Castilla-La Mancha por su resistencia al clima seco.

También, son considerables los cultivos de aguacate y mango. A ambos se les considera el “oro verde” de la Axarquía malagueña y la costa tropical de Granada. La demanda no deja de crecer por sus aportes de grasas saludables. La situación es similar para los arándanos y las frambuesas. Huelva lidera la producción europea, pues aprovecha un clima que permite primicias en el mercado.

Entre las tendencias destacadas en el cultivo de superalimentos están la quinoa y la chía. Aunque son originarias de los Andes, ya se cultivan con éxito en el valle del Guadalquivir, adaptándose a suelos que antes solo veían cereal.

Foto: Pexels.com

Radiografía en cifras

El músculo de estos cultivos en España muestra datos contundentes:

  • Superficie de almendro. Supera ya las 750.000 hectáreas, con una transición masiva hacia el regadío para duplicar rendimientos.
  • El fenómeno del pistacho. Se han superado las 70.000 hectáreas plantadas, con un crecimiento anual del 15%. Estos números posicionan a España como futuro líder europeo.
  • Exportación de frutos rojos. Este sector aporta cerca de 1.500 millones de euros anuales a la balanza comercial española.
  • Aguacate. A pesar de los retos hídricos, la producción se mantiene sobre las 100.000 toneladas. Además, se experimenta en nuevas zonas de cultivo en la Comunidad Valenciana y Cádiz.

¿Es realmente rentable producirlos?

La respuesta es un “sí, pero con matices”. No es una inversión para impacientes, pero los márgenes suelen superar por mucho a los cultivos tradicionales como el trigo o el olivar de secano. Muchos superalimentos tienen una alta rentabilidad por hectárea. Por ejemplo, un kilo de pistachos o aguacates se paga varias veces por encima de un kilo de cereal. El margen de beneficio puede oscilar entre los 3.000 y 6.000 euros por hectárea en plena producción.

También, hay que considerar el “peaje” de la espera. Esto, porque la mayoría son cultivos leñosos. Por ejemplo, un pistacho tarda 7 años en dar una cosecha comercial. Por su parte, el aguacate unos 3 o 4 años. Esto requiere un músculo financiero inicial importante.

Otro gran reto en España es el agua. La rentabilidad futura depende de la inversión en tecnología de riego por goteo y sensores de humedad. En muchos casos el coste del agua es el factor que determina quién sobrevive en el mercado.

Igualmente, hay que resaltar el valor añadido. En este sentido, las cooperativas que apuestan por el procesado (pelado, tostado, aceites) multiplican la rentabilidad final frente a quienes venden el producto en bruto.