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La guerra en Oriente Medio ha comenzado a generar un impacto en la agricultura mundial. Especialmente, porque a través del estrecho de Ormuz circula un 30% de los fertilizantes. En este sentido, los costes de estos productos se han elevado, lo que obliga a los agricultores a buscar alternativas y disminuir su uso.

Desde hace varios años el precio de los fertilizantes minerales (especialmente los derivados del gas natural) son un reto para los productores. El contexto bélico viene a añadir más presión a la producción del campo. En este sentido, el sector de los cultivos extensivos en España (cereales, oleaginosas y leguminosas) se ha visto obligado a acelerar la transición hacia un modelo más autónomo y circular.

Son varias las alternativas y estrategias clave para optimizar la nutrición del suelo sin depender exclusivamente de los mercados globales. Por ejemplo, se ha visto el resurgir de los RENURE y la valorización ganadera.

La gran novedad normativa en la Unión Europea y España es el impulso a los fertilizantes RENURE (REcovered Nitrogen from manURE). Se trata de nitrógeno recuperado y procesado a partir de purines y estiércoles que, gracias a las nuevas regulaciones, pueden utilizarse. Esto supera los antiguos límites de la Directiva de Nitratos en ciertas condiciones.

La principal ventaja de RENURE es que permite sustituir fertilizantes químicos por productos locales derivados de la ganadería. La medida reduce la huella de carbono y el coste de importación. Pero, existe un gran reto y es que exige una aplicación técnica (inyección directa o bandas) para evitar pérdidas de amoníaco a la atmósfera. El tecnicismo es necesario para cumplir con el Real Decreto de Nutrición Sostenible.

Foto: Pexels.com

Otras alternativas son los bioestimulantes y biofertilizantes como activadores del suelo. Es decir, en lugar de añadir más cantidad de mineral, la tendencia es hacer que la planta aproveche mejor lo que ya hay en el suelo. Aquí entran en acción los microorganismos fijadores, los micorrizas y los aminoácidos y extractos de algas.

  • Microorganismos fijadores. Uso de bacterias (Rhizobium en leguminosas o Azotobacter en cereales) que captan el nitrógeno del aire y lo entregan a la raíz.
  • Micorrizas. Hongos que expanden el sistema radicular lo que permite a la planta beber y comer de zonas del suelo a las que no llegaría sola.
  • Aminoácidos y extractos de alga.  Actúan como chutes de energía que ayudan al cultivo a superar periodos de sequía o frío para optimizar el metabolismo de la planta.

Agricultura regenerativa y abonos verdes

Para la agricultura extensiva, el coste de fertilizantes por hectárea es crítico. Las opciones de gestión son a menudo las más rentables a largo plazo, como por ejemplo los cultivos de cobertura. Se trata de sembrar especies como la mostaza, el rábano forrajero o las vezas entre cosechas principales. Estos cultivos atrapan los nutrientes que sobran y evitan que se laven con la lluvia.

También, figuran las enmiendas orgánicas sólidas. Consiste en el uso de compost de origen vegetal o lodos de depuradora debidamente tratados para mejorar la estructura física del suelo. La técnica aumenta su capacidad para retener agua, lo que resulta vital en la España seca.

Una recomendación crucial para paliar el encarecimiento de los fertilizantes es realizar una analítica de suelo. Antes de abonar por costumbre, es esencial conocer las reservas actuales. El nuevo Cuaderno Digital de Explotación exigirá planes de abonado más precisos.