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En general, el sector citrícola español afronta un escenario de reajuste en la campaña actual. El mismo ha estado marcado por un descenso en los volúmenes globales de recolección. En este contexto, la producción de mandarinas, clementinas y satsumas se sitúa en torno a 1,73 millones de toneladas. La cantidad representa una contracción del 4,2 % respecto al ejercicio anterior, señalan datos de las asociaciones agrícolas.

La disminución de la cosecha de mandarinas responde a una baja moderada de la superficie cultivada. Igualmente, a factores climáticos adversos, encadenando varias temporadas consecutivas con una tendencia a la merma en el rendimiento medio por hectárea. En cuanto a las zonas productivas, la Comunidad Valenciana se mantiene como la principal del país.

Los cítricos valencianos lideran con solvencia la producción nacional. Igualmente, son reyes en la producción de variedades tradicionales de mandarinas. No obstante, regiones de Andalucía y la Región de Murcia también aportan un volumen significativo al cómputo nacional mediante explotaciones agrícolas tecnificadas.

Sin embargo, las comarcas valencianas sufrieron tormentas intensas de granizo y pedrisco. Éstas ocurrieron durante las fases clave del cultivo de cítricos. La situación limitó de forma drástica la disponibilidad del producto en el mercado.

Foto: Pexels.com

Exportaciones a la baja

El comercio exterior español refleja el impacto directo de esta menor cosecha. En el sector se vive un retroceso en los envíos hacia los mercados internacionales. El volumen de mandarina comercializado fuera de las fronteras nacionales cayó un 4,8 %. Es decir, se situó ligeramente por debajo de las 800.000 toneladas anuales. A pesar de esta caída en el tonelaje neto, la facturación global resiste debido a una revalorización del precio medio del fruto en los puntos de destino.

En cuanto al destino de las exportaciones, la Unión Europea se consolida. Los países miembros son prioritarios para los alimentos hortofrutícolas de España. Es decir, que Europa absorbe la mayor parte de las mandarinas frescas comercializadas. Sin embargo, los productores nacionales se enfrentan a un techo comercial complejo debido a la fuerte presión competitiva ejercida por países como Sudáfrica y Turquía. Estas potencias extranjeras incrementan sus envíos a los mercados comunitarios, coincidiendo temporalmente con las variedades españolas más tempranas.

Expertos señalan que el panorama actual obliga a las organizaciones agrarias y comerciales a apostar firmemente por la diversificación de sus mercados habituales. La apertura y consolidación de protocolos de exportación con naciones de Sudamérica, como Perú, representa una vía de escape estratégica. En este sentido, el futuro de la rentabilidad del cultivo dependerá de la optimización de los sistemas intensivos y de la gestión eficiente del suelo.