El tomate ratifica su hegemonía absoluta en el panorama alimentario nacional. Este se consolidó como la hortaliza más consumida en los hogares españoles durante 2026. El producto acapara de manera sostenida cerca de una cuarta parte del consumo total de hortalizas frescas.
El volumen acumulado de consumo de tomate en el mercado interior ha alcanzado los 247 millones de kilos en el primer semestre de 2026. Así lo aseguran registros oficiales del Panel de Consumo Alimentario procesados de la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas (FEPEX).
Las cifras reportadas equivalen a un consumo medio anual de tomate que oscila entre los 11 y 12 kilos por persona. Estos datos consolidan un valor económico doméstico que supera de forma regular los 1.100 millones de euros anuales.
Rentabilidad para el agricultor
Existe cierta estabilidad de la demanda interna de tomates, además de dinamismo de los canales de exportación. Esa situación permite al sector encadenar un tercer ejercicio consecutivo de recuperación de precios en origen. No obstante, los balances de la reciente campaña agrícola, encabezado por invernaderos de Almería y Murcia, revelan un escenario financiero ambivalente.

Foto: Pexel.com
Por un lado, hay una mejora en las cotizaciones. Esto ocurre por una menor oferta generalizada en los mercados hortofrutícolas que impulsó un incremento medio del 16 % en los precios de comercialización del tomate. La situación compensó una caída del 2 % en las toneladas comercializadas y permitió elevar la facturación global de las empresas comercializadoras en un 13 %.
Mayores costes para cultivar
Pese al repunte de precios, la rentabilidad neta real de los agricultores continúa gravemente limitada. La razón es la inflación en los medios de producción. Por ejemplo, el coste de cultivar una sola hectárea de tomate bajo plástico, en zonas de referencia como Almería, ha escalado de manera exponencial al superar los 80.000 euros por campaña.
Análisis técnicos indican que el desembolso por hectárea ha experimentado una subida del 55,6 % en la última década. Los altos costes obedecen al encarecimiento de la mano de obra, los fertilizantes, el agua de riego y la energía. La situación obviamente resta margen de beneficio al productor independiente.






