El comportamiento de la cesta de la compra en los hogares españoles ha vuelto a registrar un punto de inflexión durante este 2026. Tras la leve recuperación observada en el ejercicio anterior, datos recientes hablan de una caída en el consumo de productos frescos. Así lo señaló la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (FEPEX).

La FEPEX reveló que el volumen de consumo de frutas y hortalizas frescas ha experimentado una caída del 2,8 % en la primera mitad del año. La contracción sitúa la demanda acumulada de frescos en 3.254 millones de kilos. Esta situación rompe la tendencia de crecimiento del 1 % con la que había cerrado el periodo previo.

El balance de las cifras en el mercado

El análisis pormenorizado de las diferentes categorías revela un comportamiento dispar en el mercado. Es decir, la reducción de las cantidades adquiridas contrasta con el incremento de los precios. La demanda de productos frescos se redujo un 3,3 %, situándose en 1.741 millones de kilos. En este sentido, los productos con mayor peso en el carrito de la compra sufrieron los mayores descensos: la fresa cayó un 9,1 %, la manzana un 8,9 % y la naranja un 8,6 %.

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FEPEX reseñó que aunque se ha consumido menos hortalizas, hay un mayor desembolso. Por ejemplo, el volumen de hortalizas frescas descendió un 2,6 % (1.110 millones de kilos). No obstante, el gasto total de las familias en este segmento se elevó un 2,9 %, alcanzando los 2.946 millones de euros. La razón obedece a que el precio medio por kilo se encareció un 5,7 %, escalando hasta los 2,65 euros.

Sin embargo, el análisis del estudio mostró excepciones al alza. Es decir, ciertas frutas de temporada lograron esquivar la tendencia negativa generalizada de este año. Es así como el consumo de albaricoque creció un 23,3 %, la cereza un 18,8 % y la uva de mesa avanzó un 14,1 %.

Importancia estratégica de los productos frescos

El retroceso en los indicadores de consumo no es una mera cuestión de fluctuación comercial. La situación acarrea implicaciones profundas para la estructura económica y la salud pública del país. Algunos puntos importantes al respecto son:

  • Sostenibilidad del sector agrario local. La contracción de la demanda en el hogar presiona directamente a los agricultores españoles. Es decir, los obliga a depender de manera más intensa de las exportaciones en un contexto de costes productivos elevados y creciente competencia de terceros países.
  • Impacto en la salud nutricional. Organismos sanitarios alertan de que la población española se está alejando progresivamente de las raciones diarias recomendadas dentro de la dieta mediterránea. Este descenso de alimentos frescos suele ser sustituido por productos altamente procesados y platos preparados de menor valor nutricional. Esta realidad afecta con especial severidad a los hogares con presencia de menores de edad.
  • Desigualdad socioeconómica. Una cesta compuesta por un 75 % de alimentos frescos llega a ser un 20 % más costosa que una basada en productos procesados. Esa situación convierte la alimentación saludable en un factor de vulnerabilidad económica para las familias con menores ingresos.