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El oleoturismo es una actividad que cada año gana un mayor auge a nivel mundial. Ya no solo se desarrolla en la cuenca mediterránea, en países productores Túnez, Italia, Grecia o España, sino que se ha extendido a Argentina, Brasil, entre otros. Los más beneficiados son los pueblos, zonas rurales que ven revitalizada su economía gracias al turismo, según datos del director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional (COI), Abderraouf Laajimi.

¿En qué consiste el oleoturismo? Se trata de una modalidad de turismo experiencial centrada en el mundo del aceite de oliva virgen extra (AOVE). Combina agricultura, gastronomía y cultura para ofrecer actividades como visitas a olivares y almazaras (fábricas de aceite), catas dirigidas y aprendizaje sobre los procesos de cultivo y extracción.

En 2025, esta actividad se consolidó como una herramienta clave para el desarrollo de las zonas rurales. Entre los beneficios que aporta la actividad a las comunidades están:

Dinamización económica y social

Contribuye a la diversificación de los ingresos. El oleoturismo permite a los agricultores obtener rentabilidad adicional más allá de la venta del aceite. La actividad compensa la fluctuación de precios en origen que afecta al sector.

Crea más empleo local. Este tipo de turismo genera puestos de trabajo directos e indirectos. Se ofertan empleos en guías, hostelería, transporte y comercio artesanal lo que ayuda a fijar población y combatir la despoblación rural.

Foto: Pexels.com

Desestacionalización.  A diferencia del turismo de sol y playa, el oleoturismo atrae visitantes durante todo el año. Las visitas se incrementan especialmente en las épocas de cosecha (otoño/invierno).

Preservación del patrimonio y cultura

Hay una mayor valorización del paisaje. El oleoturismo fomenta la conservación de olivares centenarios y milenarios. Estos árboles son considerados patrimonio vivo y paisajes culturales únicos.

Se recuperan las tradiciones. Una política centrada en oleoturismo impulsa la restauración de antiguas almazaras y museos. De esta manera, se protege la identidad histórica de las comunidades locales.

Fomento de productos “Km 0”. La actividad turística promueve el consumo de productos locales y de temporada. Las acciones fortalecen la gastronomía regional.

Sostenibilidad ambiental

Se promueve la educación ambiental. Conocer el proceso de obtención del aceite de oliva sensibiliza a los visitantes sobre la importancia de la agricultura sostenible y el respeto por los ecosistemas locales.

Contribuye a la protección de la biodiversidad. Al dar valor económico al olivar tradicional, se incentiva su mantenimiento frente a otros usos del suelo más agresivos o el abandono de tierras.