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El virus de la clorosis nervial amarilla de los cítricos (conocido por sus siglas internacionales CYVCV) es un patógeno vegetal emergente que ataca de forma severa a los árboles frutales. Es el principal enemigo de los limoneros, las limas y los naranjos amargos. La alarma se ha encendido tras detectarse brotes en explotaciones jóvenes de Murcia y la Comunidad Valenciana (Alicante).

Las expectativas del cierre de la campaña actual del limón español son muy buenas. Actualmente, el país cuenta con unas 54.055 hectáreas de limoneros y los agricultores esperan cerrar con una cosecha de unos 1,10 millones de toneladas. Sin embargo, el avance del virus pondría en riesgo la producción nacional que es la segunda mayor productora mundial de limones.

Este virus pertenece al género de los Potexvirus. Al no existir un tratamiento para curarlo, se convierte en una enfermedad crónica que el árbol portará durante toda su vida. Entre los síntomas está que provoca que los nervios de las hojas (especialmente las jóvenes durante la primavera) adquieran un color amarillo muy intenso. Además, genera deformaciones, abolladuras y enrollamiento en el limbo de la hoja.

¿Cómo afecta a los productores?

Son varias las vías de contagio de la enfermedad que afecta a los limoneros.  Se propaga principalmente mediante el uso de plantones ya infectados en los viveros. También, a través de insectos vectores (como los pulgones y la mosca blanca) y por emplear herramientas de poda contaminadas que transmiten la savia de un árbol enfermo a uno sano.

Foto: Pexels.com

Otro punto a destacar es que en ocasiones los agricultores se enfrentan a un peligro invisible. Esto ocurre porque los naranjos dulces y los mandarinos pueden albergar el virus sin mostrar ningún síntoma. Luego, éstos funcionan como focos de contagio silenciosos para los limoneros cercanos.

El impacto económico que genera un brote de clorosis nervial amarilla es brutal. Esto porque reduce de forma drástica el tamaño y la calidad comercial de los limones. Igualmente, causa un debilitamiento generalizado de la planta que puede disminuir la cosecha entre un 20% y un 40%.

Medidas preventivas y de control

No existen soluciones químicas ni biológicas para sanar los árboles dañados. Toda la estrategia se centra en evitar la propagación del virus mediante los siguientes protocolos:

  1. Garantía del material vegetal: Adquirir exclusivamente plantones que dispongan de un pasaporte fitosanitario oficial y certificación libre de virus. Se debe eludir el intercambio de esquejes no verificados.
  2. Inspección y vigilancia continua: Realizar revisiones periódicas en las fincas. Buscar hojas con decoloraciones en los nervios y prestar especial atención a las plantaciones completadas en los últimos dos años.
  3. Arranque y destrucción obligatoria: Ante cualquier positivo confirmado por los laboratorios oficiales, la única vía es desenterrar el ejemplar por completo y quemarlo in situ para neutralizar el foco biológico.
  4. Higiene extrema de herramientas: Desinfectar minuciosamente las tijeras de podar, serruchos y demás utensilios de corte antes de pasar de una fila de árboles a otra o al cambiar de parcela comercial.
  5. Combate a los insectos vectores: Reforzar los tratamientos fitosanitarios integrados para mantener bajo control las poblaciones de pulgones y moscas blancas que actúan transportando la enfermedad.
  6. Notificación inmediata: Informar de forma obligatoria a las Oficinas Comarcales Agrarias o a los servicios de Sanidad Vegetal autonómicos si se sospecha de la presencia de síntomas compatibles con la enfermedad.