Los sectores de la agricultura española con mejores números en lo que va de año son el viñedo y el olivar. Así lo señalan informes macroeconómicos de entidades como CaixaBank Research. Estos reportes indicaron que la actividad agraria general del país experimentó una expansión del 5,6% interanual durante la primera mitad del año.
En los primeros seis meses de 2026 las campañas del campo indican un repunte productivo. Este se ha consolidado tras temporadas previas fuertemente afectadas por la sequía y la inestabilidad de los mercados. Es decir, gracias a mejores condiciones climáticas e hídricas se impulsó el Producto Interior Bruto de la rama agrícola de forma continuada.
Datos estadísticos revelan que el valor de la producción de olivares y viñedos aumentó a 11.774 millones de euros hacia el segundo trimestre de este año. Esta cifra supera los 11.649 millones de euros reportados en los primeros tres meses de 2026. Es decir, el comportamiento de los cultivos leñosos ha compensado los descensos sufridos en otras categorías, como el sector de los cereales.
Comercio exterior estratégico
En el ámbito de las exportaciones, el negocio agroalimentario ha mantenido una posición estratégica clave. El comercio exterior representó el 18,9% del total de las ventas internacionales del país. En general, las exportaciones globales de la rama rozaron los 40.000 millones de euros en el acumulado semestral.

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A pesar de las cifras positivas de exportación, el mercado tuvo que ajustar sus márgenes por un encarecimiento de la energía. Entre los productos hortofrutícolas destacó el envío de frutas como la sandía, cuyo volumen de exportación aumentó un 18% hasta alcanzar las 852.378 toneladas.
Menos favorecidos
En contraposición al mencionado éxito, el sector de los cereales sufrió un ajuste notable que condiciona el balance final de la campaña. Las estimaciones de producción para el cereal nacional se revisaron a la baja en casi dos millones de toneladas. Es decir, la cosecha total se situó en 18,6 millones de toneladas.
Cultivos de gran tradición como el trigo blando experimentaron reducciones del 36% en sus previsiones respecto al ciclo pasado. La situación obligó al sector a realizar importaciones de materias primas.
Por otro lado, el empleo agrícola muestra un comportamiento contractivo en la segunda mitad del año. En este sentido, la Encuesta de Población Activa correspondiente al tercer trimestre registró un total de 728.800 trabajadores ocupados directos en el campo. Esta cifra supuso la pérdida de 58.300 puestos de trabajo en comparación con el periodo anterior. La cifra refleja que los retos de costes y la mecanización intensiva siguen modificando la estructura laboral del entorno rural.






