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La producción de semillas en España se ha convertido en un pilar estratégico de la economía agraria. Este sector moviliza cerca de 750 millones de euros anuales y el país destaca como la tercera potencia europea en este ámbito y la decimotercera a nivel mundial. Además, funciona como un “laboratorio” clave para la adaptación de cultivos al cambio climático.

En la nación es prioridad valar por el control de calidad y la sanidad de las semillas que se comercializan. Es por ello, que para que una semilla llegue al mercado de forma legal, debe superar un proceso de certificación que garantiza cuatro (4) cimientos fundamentales:

  1. Identidad genética. Asegura que la semilla certificada pertenece realmente a la variedad que indica el envase. Esto indica que mantiene su pureza sin mezclas con otras.
  2. Capacidad de germinación. Señala que se realizan ensayos de laboratorio para verificar que las semillas sean viables y tengan el vigor necesario para brotar de forma uniforme en el campo.
  3. Sanidad vegetal. Su certificación garantiza que el cultivo de origen se inspeccionó para confirmar que esté libre de plagas y enfermedades que puedan transmitirse a través de la semilla.
  4. Pureza física. Se garantiza que el lote no contenga piedras, restos de otras plantas o semillas de malas hierbas.

El mencionado control a las semillas está supervisado por la Oficina Española de Variedades Vegetales (OEVV). Igualmente, tiene el visto bueno de las comunidades autónomas que gestionan los registros de variedades comerciales y protegidas.

Foto: Pexels.com

Producción y rentabilidad

El uso de semillas certificadas no es solo una cuestión legal, sino una decisión económica para el agricultor por varios motivos. Uno de ellos es que garantiza un mayor rendimiento. Se estima que utilizar semillas de alta calidad puede incrementar el rendimiento de las cosechas hasta en un 40% en comparación con el uso de grano propio no seleccionado.

También, las certificaciones significan un ahorro en los insumos. Es decir, al ser semillas sanas y libres de malezas, se reduce la necesidad de aplicar plaguicidas y herbicidas. Esta situación optimiza la inversión en otros recursos como fertilizantes y agua.

En cuanto a la rentabilidad de las semillas en España, esta se concentra en cultivos que permiten alta productividad o precios elevados, como por ejemplo los frutos rojos y los aguacates. En estos sectores los ingresos pueden superar los 10,000 € por hectárea. Igualmente, son rentables los almendros y el olivar intensivo. Los mismos son valorados por su rápida entrada en producción y facilidad de mecanización.

Otro rubro de apreciado valor en el país es el de los cereales.  Aunque con márgenes menores por hectárea, España ha alcanzado récords de rendimiento medio (como los 4.57 t/ha estimados para 2025) gracias a la mejora de las variedades.