España se ha posicionado como el tercer Estado miembro con mayor volumen de distintivos alimentarios de la Unión Europea (UE). Hasta la fecha posee un total de 381 figuras de calidad vigentes en el registro oficial y esta semana el Diario Oficial de la UE publicó cuatro nuevas incorporaciones.
Según una publicación en el portal web de la agencia de noticias Efeagro, patatas, trufas, peras y judión españoles se añadieron al registro europeo alimentario. La noticia es muy positiva para el sector y el país que había hecho la solicitud desde hace algún tiempo. Específicamente, las variedades de calidad añadidas fueran las siguientes:
- Pera del Bierzo (DOP). Esta pera adquiere el sello de Denominación de Origen Protegida, certificando que todas las etapas de su producción y procesado ocurren estrictamente en esta comarca leonesa.
- Trufa Negra de Teruel (IGP). La trufa fue inscrita como Indicación Geográfica Protegida, lo que avala las características del hongo dadas las condiciones climáticas del territorio aragonés
- Judión de La Granja (IGP). Esta célebre legumbre segoviana cuenta ahora con el respaldo de calidad europeo para defender su reputación tradicional.
- Patata de Valderredible (IGP). Ahora, el tubérculo cultivado en esta zona de Cantabria consolida su origen y vinculación con la geografía local bajo la normativa comunitaria.

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¿En qué beneficia este reconocimiento a los productos?
El registro en la Unión Europea no es un mero distintivo publicitario. El mismo otorga herramientas de mercado y amparo legal fundamentales. Uno de ellos son los derechos de propiedad intelectual. De esta manera, las marcas territoriales adquieren estatus legal exclusivo, lo que impide que productores ajenos a la región empleen estos términos.
Una gran ventaja de figurar como producto de calidad europeo es el blindaje contra falsificaciones o evocaciones. Con la distinción queda prohibido el uso confuso de nombres, traducciones o coletillas del tipo “sabor a” o “estilo” en productos competidores. Incluso, este control se extiende a cuando se usan como ingredientes.
Obtener un sello de calidad de la UE legitima un estándar superior. Esta situación incrementa el precio final percibido y ayuda a la viabilidad económica del entorno rural. Igualmente, influye en la confianza para el consumidor. Es decir, el usuario final compra con la certeza absoluta de la trazabilidad y procedencia real del alimento.






