Llega la Nochevieja y con ella muchos festejan el año que termina y el que está por comenzar. Algunos aprovechan también, para reflexionar o trazar planes para el nuevo año. Igualmente, quienes desean un futuro próspero y que sus deseos se cumplan recurren a rituales incrustados en la tradición y cultura de sus países.
Varios rituales de Nochevieja tienen raíces agrícolas. Estos se centraban en asegurar la fertilidad de la tierra, la protección de las semillas y la abundancia de las cosechas. Aquí algunas de las costumbres más populares tanto en el campo como en la ciudad:
Rituales para la tierra y las cosechas
Bendición de las semillas. Es una práctica tradicional que consiste en preparar canastas con mazorcas seleccionadas, romero, frijol de haba y flores. Estas se presentan para pedir protección contra plagas, granizo y lluvias fuertes antes de la siembra.

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Rituales de la Pachamama. En comunidades andinas, se realizan ofrendas a la tierra para pedir fertilidad y abundancia en las nuevas campañas agrícolas. Un gesto común es orientar las palmas de las manos hacia los primeros rayos de sol del año nuevo para recibir energía vital.
Quema de hierbas. El uso de romero bendito es común. Éste se quema para generar humo protector que “limpie” el campo y atraiga bendiciones para el cultivo.
Simbolismo de alimentos y abundancia
Muchos rituales populares de Nochevieja son adaptaciones urbanas de antiguas costumbres agrarias. Entre ellos destacan:
Tener lentejas para la prosperidad. Las lentejas representan monedas y abundancia. El ritual consiste en comerlas en sopa, regalarlas en bolsitas crudas o lanzarlas al aire a la medianoche. Otro ritual consiste en colocarlas en vasos con una llave para atraer éxito económico y buenas cosechas financieras.

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Las tradicionales 12 uvas. Esta costumbre (popularizada en 1909 por un excedente de producción) simboliza la suerte para cada mes del año según el dulzor de cada uva.
Arreglos y canastas con hierbas y frutas. Rodearse de hierbas frescas y frutas redondas (como naranjas) simboliza unidad, renovación y la esperanza de una tierra productiva.
Para quienes trabajan la tierra, estos actos buscan que “Dios tome el control” del cultivo. Ayudan a librarse de plagas y asegurar una recompensa al esfuerzo campesino.






