Cada vez más la ciencia y la tecnología se abocan a mejorar la producción de alimentos a nivel mundial. Una rama de la ciencia que gana espacio en España y Europa es la fitogenética. Esta se encarga del estudio de la herencia biológica y la variabilidad en los organismos vegetales.
El enfoque principal de la fitogenética radica en la comprensión y modificación de las estructuras del ADN de las plantas. Esto sirve para desarrollar variedades con características mejoradas, tales como una mayor productividad y una calidad nutricional superior. Igualmente, para una tolerancia avanzada a condiciones adversas del entorno.
A través de la mencionada disciplina se gestionan los llamados recursos fitogenéticos. Éstos engloban a todas las semillas, plantas cultivadas tradicionales y silvestres. Es decir, aquellas con valor real o potencial para el abastecimiento agroalimentario mundial.
España destaca como un actor clave en la gestión de la agrobiodiversidad. Esto ocurre debido a su riqueza ambiental y a la amplia presencia de ecotipos locales adaptados a condiciones climáticas mediterráneas. En este contexto la estrategia del país se fundamenta en la complementariedad de dos modalidades de conservación e investigación.
Conservación ex situ
Se lleva a cabo por medio de una extensa red nacional integrada por 35 instituciones, coordinadas por el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC. Estos centros almacenan muestras en condiciones óptimas de frío y humedad (bancos de germoplasma). Así se logra evitar la pérdida irreversible de variedades tradicionales de trigo, vid, olivo y hortalizas.

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Investigación genómica y adaptativa
Diversos centros científicos españoles emplean herramientas ómicas de vanguardia para analizar el genoma de cultivos tradicionales. El propósito primordial actual es identificar los genes responsables de la resiliencia a las sequías extremas y al aumento global de las temperaturas. Esto resulta fundamental ante los retos que impone el cambio climático.
Recientemente, el país se ha incorporado al Sistema Integrado Europeo de Bancos de Germoplasma (AEGIS). Mediante esta alianza, España aporta sus colecciones seleccionadas a una red virtual comunitaria que unifica los criterios de calidad. También, facilita el acceso a más de 120.000 accesiones para proyectos de investigación y fitomejoramiento.
Incentivos para los agricultores
La diversidad vegetal no debe quedar confinada únicamente en los laboratorios. Es por ello que la administración pública española y comunitaria despliega una serie de estímulos socioeconómicos para el sector agrícola. Entre ellos destacan:
- Ayudas directas a la conservación de variedades tradicionales: Diversas comunidades autónomas ejecutan líneas de subvención destinadas a compensar económicamente a quienes decidan cultivar variedades locales minoritarias o en peligro de desaparición. El propósito de estos fondos es incentivar el mantenimiento de estos materiales directamente sobre el terreno.
- Ecorregímenes de la Política Agraria Común (PAC): La normativa europea premia con pagos adicionales por hectárea a las explotaciones que introduzcan rotaciones de cultivos eficientes o adopten cubiertas vegetales. Esto favorece indirectamente la retención de la biodiversidad de los suelos agrícolas. Además, reduce la dependencia de insumos externos.
- Fomento de los mercados de proximidad: Se otorgan facilidades y visibilidad comercial para la venta directa o el comercio de kilómetro cero de aquellos alimentos obtenidos a partir de variedades autóctonas. De esta forma se les otorga un valor añadido en el mercado por su vinculación cultural e identitaria.
- Acceso preferente al germoplasma: Los productores locales disponen de canales regulados para solicitar semillas de los bancos públicos. La idea, es reintroducir en sus parcelas ecotipos tradicionales idóneos para sus condiciones climáticas geográficas específicas.






