El sector agrícola español se encuentra inmerso en una profunda reconfiguración operativa. La misma está orientada a disminuir de forma progresiva el uso de agroquímicos sintéticos. Esta tarea la han asumido con compromiso los agricultores y productores en busca de la sostenibilidad.

Los marcos normativos de la Unión Europea han flexibilizado temporalmente ciertos objetivos restrictivos globales respecto a los fitosanitarios químicos. Sin embargo, la realidad en el campo español avanza decididamente hacia la reducción de su uso. Incluso, según los balances del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la comercialización de productos fitosanitarios tradicionales ha registrado un descenso del 6 %.

La tendencia a la baja viene impulsada por la obligatoriedad de la Gestión Integrada de Plagas (GIP). También, por la inminente implantación del registro electrónico obligatorio de tratamientos fitosanitarios, exigido a partir de este ejercicio en todo el territorio nacional. El fin es facilitar esta transición sin comprometer los rendimientos económicos de las explotaciones. En este sentido organismos agrarios y centros técnicos han consolidado un catálogo de recomendaciones estratégicas dirigidas a los productores.

Directrices para reducir el uso de agroquímicos

La transición hacia un modelo agrícola menos dependiente de los insumos sintéticos se sustenta en la combinación de tecnologías avanzadas. Igualmente, al control biológico y prácticas culturales tradicionales. Estre ellas están:

1.- Digitalización y Sistemas de Apoyo a la Decisión (SAD)

Especialistas aconsejan sustituir los calendarios de fumigación rutinarios o estacionales por aplicaciones basadas en datos objetivos. El uso de estaciones agrometeorológicas y software predictivo permite prever los ciclos de eclosión de las plagas. Por ello, aplican tratamientos solo cuando se superen los umbrales de daño económico real.

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2.- Potenciación del control biológico

Se recomienda la introducción y conservación de fauna auxiliar, por ejemplo, insectos depredadores, nematodos o parasitoides. También, el uso de microorganismos benéficos, tales como bacterias y hongos entomopatógenos. Estos agentes combaten las amenazas de forma natural sin generar residuos químicos en las cosechas.

3.- Diversificación y rotación de cultivos

Consiste en romper los monocultivos mediante la rotación de parcelas. Por ejemplo, introducir cubiertas vegetales interlineales. Éstas interrumpen de manera mecánica el ciclo reproductivo de patógenos fúngicos y malas hierbas, lo que disminuye la necesidad de herbicidas.

4.- Uso prioritario de insumos de bajo riesgo

Ante la retirada regulatoria de numerosas materias activas tradicionales en los almacenes, se insta a priorizar formulados de origen botánico (extractos vegetales). Igualmente, bioestimulantes y bionosodes vivos que fortalezcan el sistema inmunitario de la planta.

Calibración tecnológica: la clave de la eficiencia

Un porcentaje sustancial de la ineficiencia en el uso de fitosanitarios no deriva del producto en sí, sino de una deficiente aplicación en el terreno. Por ello, las directrices sectoriales enfatizan la urgencia de someter los equipos de pulverización a revisiones obligatorias. Estas son las denominadas Inspecciones Técnicas de Equipos de Aplicación de Fitosanitarios (ITEAF).

Una boquilla desgastada o una presión mal regulada provocan la pérdida del producto por deriva o evaporación. La situación incrementa los costes y fuerza al agricultor a repetir el tratamiento. La correcta regulación de los caudales asegura que el principio activo cubra de forma exacta la superficie vegetal necesaria. De esta manera se optimiza la inversión económica y se reduce de manera inmediata el impacto ambiental sobre el suelo y los acuíferos circundantes.