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El bloqueo del Estrecho de Ormuz por la guerra de Irán ha paralizado cerca del 30% del comercio mundial de fertilizantes. La situación ha provocado un aumento drástico de precios y amenaza la seguridad alimentaria global. Así lo informan diversos sectores de la agricultura y la industria química global que catalogan las pérdidas como «históricas».

Aunque España mitiga el desabastecimiento directo de fertilizantes, enfrenta un “efecto contagio”.  Esto ha hecho que se encarezcan los insumos y se reduzca la rentabilidad agrícola. Es por ello, que el impacto del bloqueo sobre el campo español sea significativo.

Específicamente, las consecuencias en el sector agrícola español se basan en el encarecimiento de la cesta de insumos. España importa gran parte de sus fertilizantes de países como Argelia y Egipto, sin embargo, los precios se rigen por el mercado global. La urea y el gas natural (necesario para fabricar abonos nitrogenados) han visto repuntes importantes.

Consecuencias del bloqueo en España

En el país ibérico unos cultivos se han visto más perjudicados que otros por el cierre del Estrecho de Ormuz. Por ejemplo, el trigo y el maíz se enfrentan a siembras calificadas como las “más caras de la historia” debido a que los fertilizantes pueden llegar a estar un 180% por encima de sus valores habituales. También, se estima que, en zonas como Almería, el coste de producir tomates, pepinos o pimientos (invernaderos) podría subir hasta un 25% por la alta dependencia de estos insumos.

Foto: Pexels.com

Por otro lado, el estiércol español ha surgido como una alternativa estratégica. Se trata de una consecuencia inesperada del bloqueo del Estrecho de Ormuz. Ahora el residuo ganadero de España (purines y estiércol) ha pasado de ser un problema ambiental a una oportunidad económica. Ante la escasez y los altos precios de la urea y los fosfatos que vienen del Golfo, los abonos orgánicos locales se han vuelto la opción más competitiva y rentable para los agricultores españoles.

Riesgos para la cosecha y el consumidor

El sector primario español ya lidiaba con problemas de rentabilidad y sequía. Este nuevo golpe logístico genera un efecto dominó. En este sentido, muchos productores podrían optar por reducir el uso de abono para ahorrar costes, lo que inevitablemente bajará el rendimiento de las cosechas a finales de 2026 y en 2027.

Igualmente, los consumidores enfrentan un posible golpe al bolsillo. Expertos estiman que los productos agrícolas básicos en España podrían encarecerse un 8,5% este año debido al traslado de estos costes de energía y fertilizantes a la cadena alimentaria.