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El aguacate es la fruta tropical con mayor superficie cultivada en España. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) el país posee unas 24.221 hectáreas dedicadas al fruto. El sector atraviesa un proceso de reestructuración geográfica forzado por el clima.

La zona tradicional del cultivo de aguacate, Málaga, sufre por la escasez de agua. Mientras, otras regiones ganan protagonismo para asegurar la producción nacional hacia 2026. Es decir, existe una tendencia de crecimiento en nuevas áreas.

Superficie actual del aguacate

En España, las tierras destinadas al cultivo de aguacate superan ya las 18.400 hectáreas a nivel nacional. Andalucía sigue a la cabeza con el 75% del total (unas 14.649 ha). Sin embargo, provincias como Huelva y Cádiz absorben la expansión que Málaga ya no puede sostener.

Levante es una de las zonas de crecimiento en el sector del aguacate. La Comunidad Valenciana ha experimentado un auge notable, alcanzando las 3.850 hectáreas en 2025. La cifra representa un incremento del 16% respecto al año anterior.

En cuanto a la producción, tras campañas históricamente bajas por la sequía, las previsiones para la campaña 2025/2026 son optimistas. Se estima un incremento de entre el 20% y 30% en el volumen total de aguacates. El objetivo para este año es recuperar niveles cercanos a las 100.000 toneladas.

Foto: Pexels.com

Retos críticos para 2026

La gestión hídrica extrema lidera los retos del cultivo de aguacate. Es decir, el principal desafío sigue siendo la disponibilidad de agua. En zonas como la Axarquía (Málaga), el 30% de las fincas han realizado talas debido a la falta de riego. La situación obliga a invertir en infraestructuras de aguas regeneradas y desalinización.

La competencia internacional es otro desafío que enfrenta el sector. España vive una presión creciente de mercados como Marruecos y Perú. Estos países compiten directamente en el mercado europeo con menores costes de producción.

Los agricultores del rubro también deben abordar temas como la sostenibilidad y la crítica social. Existe un debate sobre el impacto ambiental del “modelo hiperintensivo”. Organizaciones como Ecologistas en Acción advierten sobre la sobreexplotación de acuíferos, lo que impulsa al sector hacia prácticas de riego de precisión y portainjertos más resistentes.

La climatología extrema es otra situación retadora. Los fenómenos meteorológicos adversos, como los recientes temporales ocurridos en Granada, ponen en riesgo la estabilidad de la cosecha, incluso cuando hay agua disponible.