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Consumir alimentos de temporada es una forma de sintonizar la dieta con el ciclo natural de la tierra. De esta manera, se garantiza la frescura de los productos y la sostenibilidad. Actualmente, al encontrarnos en marzo (finales de invierno y principios de primavera), la oferta destaca por productos que refuerzan el sistema inmune y aportan hidratación.

La disponibilidad agrícola de la estación es amplia. En el sector de las frutas destacan los cítricos como la naranja, el limón y el pomelo. También, es el momento ideal para el aguacate de la costa tropical, el kiwi, el plátano de Canarias y las primeras fresas y fresones de la temporada.

Respecto a las hortalizas y verduras frescas hay excelentes opciones. La huerta ofrece una gran variedad de hojas y tallos como el espárrago triguero, la alcachofa, el brócoli y la coliflor. Igualmente, abundan las espinacas, acelgas, puerros, habas tiernas y el apio.

Ventajas de elegir productos de estación

Optar por los alimentos de temporada no es solo una cuestión de ahorro. Se trata también, de una decisión con impacto multidimensional. Por ejemplo, el consumidor gozará de una explosión de nutrientes y sabor.

Foto: Pexels.com

Los alimentos de temporada son recolectados en su estado de maduración natural. En este sentido, las frutas y verduras mantienen su perfil completo de vitaminas y minerales. Además, gozarán de aromas y texturas mucho más intensos que los productos de invernadero o importados.

Claro está, que los consumidores inteligentes obtendrán un ahorro económico significativo. Cuando un producto abunda de forma natural en los campos locales, los costes de producción y transporte disminuyen. Esta situación suele reflejarse en un precio de venta más bajo para el consumidor.

Más allá del beneficio en casa

La decisión constante de adquirir productos de temporada beneficia al ambiente. Al comprar productos agrícolas de temporada se reduce la necesidad de largos transportes transoceánicos (alimentos kilométricos). Esto disminuye las emisiones de CO2 y a su vez se apoyan métodos de cultivo que respetan el suelo y los ciclos hídricos.

Adicionalmente, los consumidores brindan colaboración al tejido local. Incluir en la cesta frutas y verduras de estación fortalece la economía de los agricultores de proximidad. La acción ayuda a mantener el empleo rural y a las variedades de cultivo tradicionales de cada región española.