El encharcamiento del suelo representa una de las principales limitantes en la agricultura. Cuando ocurre restringe el desarrollo radicular de los cultivos, debido a que satura los poros del suelo y desplaza el oxígeno necesario para la respiración de las plantas. Este fenómeno suele ser la consecuencia de texturas arcillosas compactas, un relieve deprimido o malas prácticas en la preparación de la tierra.
Para resolver este inconveniente y restaurar la productividad del terreno, se deben aplicar soluciones correctivas físicas, biológicas e ingenieriles. Dentro de las intervenciones está diseñar una red de drenaje superficial. Por ejemplo, la excavación de zanjas o canales abiertos en las zonas más bajas del terreno capta los excedentes de agua de lluvia y los evacúa de manera controlada fuera de la parcela cultivada.
Otra opción es romper capas compactadas subterráneas. Para ello se usa un subsolador mecánico que permite fisurar el “pie de arado” o las capas endurecidas del subsuelo sin voltear la tierra. Esto restablece la capacidad de infiltración vertical del agua hacia los horizontes más profundos.
También, se puede nivelar de forma dirigida la superficie. Esto contempla la corrección de microrrelieves mediante maquinaria de precisión. Con ella se elimina las depresiones topográficas donde el agua tiende a estancarse de forma natural.

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Igualmente, son muy útiles los sistemas de drenaje subterráneo. Por ejemplo, en terrenos con problemas severos de capas freáticas altas, se aconseja instalar tuberías perforadas y envueltas en filtros geotextiles. Se ubican a profundidades específicas para canalizar el exceso hídrico hacia zonas de desagüe.
Prácticas agronómicas y biológicas de manejo
Entre las soluciones para evitar el encharcamiento están las de carácter biológico y agronómico. De ellas destacan:
- Surgimiento del cultivo en camellones: La siembra sobre camas elevadas o lomos asegura que la base del tallo y el sistema radicular principal permanezcan por encima del nivel de saturación hídrica del suelo.
- Incorporación masiva de enmiendas orgánicas: El aporte continuo de compost, estiércol maduro o residuos vegetales mejora la porosidad y la estructura del terreno. Esto favorece tanto la retención óptima como la percolación del agua excedente.
- Utilización de abonos verdes de raíz profunda: Cultivar especies de cobertura con raíces fuertes y pivotantes (como el rábano forrajero o el girasol) son una alternativa natural. Esas plantas generan biotúneles naturales que incrementan la conductividad hidráulica del suelo tras su descomposición.
- Aplicación de enmiendas minerales en suelos arcillosos: En terrenos con alto contenido de arcillas expandibles, la adición de yeso agrícola ayuda a flocular las partículas finas. La razón es que crean agregados más grandes que permiten un mejor flujo de agua.






